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jueves, octubre 19, 2006

La lucha contra el Imperio

El imperio moviliza a sus reaccionarios en América Latina
Argenpress

Se ha movilizado el imperio. Ello sucede tras los avances que las fuerzas progresistas de América Latina comenzaron a cosechar, debido al descrédito del esquema neoliberal de la economía, empobrecedor de mayorías y enriquecedor de minorías plutocráticas. Brasil con Lula, Argentina con Kirchner, Uruguay con Tabaré, Bolivia con Evo Morales, incluso Chile con Bachelet, y sobre todo Hugo Chávez en Venezuela con sus reconfirmados triunfos electorales, hicieron ver en Washington que esta acción popular era algo importante y “peligroso”. Entonces fue que pusieron en movimiento a los intereses y grupos nativos del conservadurismo y la reacción en contra de ese “peligro”. No dejaron de provocarle iguales preocupaciones a la Casa Blanca las recientes contiendas en México con López Obrador, en Perú con Ollanta Humala y ahora en Ecuador con Rafael Correa, donde la especie del “peligro” fue la tónica mediática de las derechas.

El hecho de que en todos estos años no hayan podido tirar a Hugo Chávez del poder en Venezuela ni a Fidel Castro en Cuba, es otro elemento de gran encono en esta embestida norteamericana, que ahora se disfraza con los ropajes de la democracia formal y por lo pronto no recurre a las invasiones con marines y swats, aunque sí amedrenta en la ONU para que Venezuela no obtenga un sitio en el Consejo de Seguridad. Pero el contenido del disfraz “democrático” es lo mismo: el dominio de las trasnacionales sobre nuestros países, para lo cual refuerzan su apoyo a los grandes ricos y capitales nativos coaligados en esta santa alianza neoliberal. Ya no hay el pretexto de la “lucha contra el comunismo internacional”, desaparecido el llamado campo socialista. Así que este intento imperial se disfraza de lucha contra el “populismo”, la indisciplina fiscal, la irresponsabilidad económica y el desorden político y social. Pero se refuerzan los preceptos de Williamson en el “Consenso” de Washington (¿consenso de cuántos más allá de los personeros imperiales?) actualizado en 1992, para menoscabar las soberanías en la región y para congelar salarios e ingresos populares, a cambio de pusilánimes limosnas a través de programas asistencialistas que no dan por resultado sino el empobrecimiento general y la emigración de trabajadores.

Nada de lo que ocurre en la región es ajeno a esta pretensión de recurrente dominio trasnacional. Y ya se ve que igual que lo hicieron en México, trucando la elección a favor de Felipe Calderón y robándosela a López Obrador, están intentándolo en Ecuador, lo hicieron en Perú y lo pretenden contra Lula en la segunda vuelta brasileña. Y dice Condoleeza que Washington igual trata con un gobierno de derecha o de centro que con uno de izquierda. Lo cual es un simple sarcasmo producto de la mala saña.

Pudiera decirse que ante las voces de pánico de las oligarquías locales contra el ascenso popular latinoamericano de estos años, por fin Washington decidió mover sus apoyos a favor de las derechas tanto las minoritarias sociales (los ricos) cuanto las ideológicas. Es toda una contrarrevolución en marcha, apoyada ahora en el marketing político y en el uso masivo de los medios de comunicación social, que en América Latina siempre han sido dependientes de las matrices mediáticas norteamericanas. Por eso, más que los errores políticos de las fuerzas sociales y de izquierda, los que han sido eficaces son los vastos recursos y esfuerzos imperial-oligárquico-nativos, para enfrentar la insurgencia popular contra el neoliberalismo y el dominio norteamericano, aunque también el europeo, aunque en menor proporción, no menos lesiva.

En México mismo, los recientes resultados electorales de Tabasco, la tierra de López Obrador, son muestra de lo mismo: abuso en “guerras sucias” por los medios masivos locales, donde inclusive una interpelación perredista directa al gobernador madracista Manuel Andrade se quiere interpretar xenofóbica y desfachatadamente como un “atentado” a periodistas locales ejecutado por chilangos izquieristas del DF. Ni los plutócratas nativos ni los plutócratas trasnacionales quieren que aflore la mínima reacción de soberanía o política popular en nuestros países. Acuden, pues, a las más groseras mentiras, como la anterior y la de haber inventado que López Obrador y Hugo Chávez estaban en una confabulación ¡para el abastecimiento de armas del segundo al primero!

Es, pues, la recontrarrevolución contra los pueblos. Y si no se quiere entender esto, mírese cómo el presidente designado, Calderón, ya nombró a su próximo secretario de Hacienda, Agustín Carstens, que ya abandonó su cargo de tercer ejecutivo en la jerarquía del Fondo Monetario Internacional para incorporarse al equipo “de transición”. Obvio es que vendrá a México como enviado del FMI, con la línea de privatizar los recursos energéticos (petróleo y electricidad) y a poner en mayor congelación los salarios e ingresos populares. Pues la cabra tira al monte, aunque sea obesa. O sea, Calderón empieza por tomar una decisión a favor de los intereses trasnacionales, cuando aún no asume formalmente las funciones de presidente designado. Y eso anuncia elocuentemente lo que pretenderá hacer, pese a sus patrioteros rasgamientos de vestiduras.

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